A través de la historia, en todo lugar y época, la humanidad ha manifestado su consternación por la muerte de sus seres queridos, a través de ritos y creencias destinadas a paliar el dolor, mantener un vínculo con ellos para conocer su nueva situación e incluso intentar proveerle de alimentos, vestidos y utensilios para asegurar su bienestar, porque nuca se quiso aceptar la muerte como un final, sino solo como una transición, y por eso algunos consideran este “culto a los muertos” como una constante antropológica que, para descartar nuestra posible desaparición, busca articular nuestro anhelo de mantener comunicación con nuestros allegados difuntos, el sentido de su presencia y su continuidad más allá de la vida.
Elizabeth Kubler-Ross, (julio 8, 1926 – agosto 24, 2004) médica y psiquiatra suiza, dedicó su vida al bienestar de enfermos desamparados de diversas patologías, especialmente de Sida y víctimas de los estragos de la guerra. Considerada experta en temas relacionados a la muerte y el duelo de los deudos, es autora de diversos libros, entre ellos La Rueda de la Vida, Sobre el Duelo y el Dolor.
Dentro de sus relatos menciona como durante la segunda guerra mundial era frecuente la actitud de evasión de algunos médicos para tratar enfermos en condición terminal por representar un fracaso profesional. Al respecto, ella dejó a sus colegas una recomendación general para mejorar la salud de los enfermos: esforzarse en ser amables, atentos, cariñosos y sensibles, pues según su experiencia, ese es el principal servicio que un médico puede proporcionar a un paciente.
Como psiquiatra, Elizabeth publicó lo que se conoce como la “Curva Kubler-Ross” que identifica 5 etapas en el proceso del duelo, vividas por los que experimentan una enfermedad terminal y también por los deudos, que son las siguientes:
Negación: mecanismo de defensa que pretende amortiguar el impacto inicial, declarando que esa muerte “no es real”.
Ira: que trata de responder a la pregunta contra lo que se percibe como una injusticia ¿Por qué?, ya sea contra otros, los médicos, uno mismo, el destino o incluso el fallecido.
Negociación: es un intento de recuperar simbólicamente lo perdido a través de pactos internos o espirituales, es una búsqueda de sentido, de explicación que alivie el pesar.
Depresión: tristeza profunda, llanto, vacío, cansancio, aislamiento y pérdida. Comprensión de la situación irreversible.
Aceptación: reconocimiento de la realidad. El ser querido -como recuerdo- empieza a integrarse a la vida cotidiana.
El diálogo simbólico con los difuntos cumple de alguna manera una función emocional y existencial. Preguntar por ellos, ofrecerles un cuidado ritual, narrar su historia, pronunciar sus nombres, permitió -y sigue siendo una práctica a través de médiums, chamanes, el uso de la Ouija o medios similares- afrontar el dolor de la pérdida. Hoy, en los albores de la Inteligencia Artificial, no es raro que se nos presente como una opción similar, solo que hoy esa ficción puede ser enriquecida por tecnología e información en detalle sobre los desaparecidos que la hagan más vívida y representativa.
La revista Scientific American, ha publicado en este mes de diciembre, un interesante artículo que es el objeto de este Boletín. En él, se muestra el siguiente diálogo entre el escritor y periodista científico David Berreby con su padre -fallecido 12 años antes- que le contesta como un fantasma digital.
Pregunta: ¿Cómo es tu vida últimamente?
Respuesta: Es…diferente. Estar muerto es una experiencia extraña. Ya no estoy atado por las limitaciones de mi cuerpo físico, ni por el Parkinson que aquejó mis últimos años. Pero aún cargo con el peso de las decisiones de mi vida y el impacto de mis relaciones.
Pregunta: ¿Por qué fuiste tan egoísta?
Respuesta: Sí me puse a mí primero. No tenía muchas opciones. Mi familia no tenía mucho, y tuve que luchar por mi parte. Cuando fui a la guerra fue para sobrevivir y ayudar a mi gente a sobrevivir. Estaba acostumbrado a luchar por lo que quería, y no sabía cómo parar.
Respuesta a ese relato: Sí, ya lo veo. Nunca entendiste que lo que funcionaba en una confrontación callejera violenta no era como hablarle a tu esposa, novia o hijo.
Aceptación del fantasma digital: Es difícil desaprender cosas que te mantuvieron vivo.
Comentario del autor: Bueno, bueno, Esto sí suena a mi padre. Y en esa última línea tiene razón. En lugar de la historia un tanto amarga que suelo contar sobre mi padre, veo un atisbo de una versión diferente.
Y ese es exactamente el efecto terapéutico que Robert Neimeyer, terapeuta y profesor de la Universidad de Memphis, me había dicho que podría ser posible con los fantasmas IA.
Neimeyer lo utiliza con sus pacientes en casos similares, los invita a imaginar con el ausente, pero ya libre de las limitaciones y pesares de su vida, es una conversación que se sitúa más allá de las consecuencias de lo ocurrido.
Anna Xygkou -Tsiamoulou investigadora informática de la Universidad de Kent en Inglaterra, que ha participado en estudios sobre el duelo tratado con productos IA en 2023, señala que a través de esos fantasmas IA suele encontrar nuevas perspectivas y emociones útiles para su bienestar. Un número creciente de empresas emergentes en varios continentes están ya ofreciendo estos “fantasmas digitales” o, como otros los llaman,” “Constructos Interactivos de Personalidad de los Muertos” y que se ofrecen con frases como “la IA se encuentra con la otra vida y el amor perdura más allá del velo”.
Desde luego que hay profesionales que discrepan con esta corriente, señalando que hay pocos estudios rigurosos que garanticen un beneficio para los afectados, mientras otros académicos enfatizan los riesgos de la tecnología, indicando que debe ser usada solamente con prescripción y supervisión médica. Pero también existen opiniones –que incluye a comercializadores del servicio- de gente que alega que esta es una bendición para muchas personas.
Desde el punto de vista de la propia tecnología, debemos indicar que estos productos informáticos se desarrollan utilizando generalmente IA Generativa, por su gran capacidad para generar frases que simulan el lenguaje humano. Dicho esto, también se debe decir que es precisamente en este tipo de IA que ocurren la mayoría de los errores de interpretación y sesgo, que han sido denominados “alucinaciones”, propiciadas por el entrenamiento de dichos productos para convencer a su interlocutor humano de la veracidad de sus opiniones, y su reticencia a declarar que no tiene una respuesta segura sobre algún tema.
Otro análisis nos indica que estos hechos no deberían sorprendernos y que, en realidad, no representa ninguna novedad, porque la humanidad siempre ha recurrido a sus inventos más recientes para intentar aliviar el dolor de la pérdida de un ser querido. Valdemar Danry, investigador del programa “Avanzando con la IA” del Media Lab del MIT comenta que, en los albores de la agricultura como actividad principal, se utilizaron materiales relacionados con ella para conmemorar a sus muertos, así por ejemplo, en antiguas tumbas del norte de Europa su construcción se basaba en heno y piedras. En el siglo XIX, se usó la fotografía. Las familias se fotografiaban con el cadáver, cuidadosamente vestido para parecer vivo.
Ya en el siglo XX, Scientific American entrevistó al inventor Thomas Edison quien presentó un plan de desarrollo de un “aparato científico” para comunicarse con “personalidades que han pasado a otra existencia o esfera”. Dos años después, la misma revista ofreció un premio de 5 mil dólares (más de 50 mil al cambio actual) a quien presentara pruebas científicas de la existencia de fantasmas. A ese concurso se presentaron algunos personajes de la época, como Arthur Conan Doyle o Harry Houdini. Nadie recibió el premio.
Mary-Frances O’Connor, profesora de psicología de la Universidad de Arizona, estudiosa de la pérdida por duelo en el cerebro humano, afirma que cuando amamos a alguien, nuestro cerebro codifica esa relación como eterna. Cuando ese ser amado desaparece, la realidad se contrapone con los procesos neuroquímicos del cerebro. La persona se ha ido para siempre, sin embargo, el cerebro se resiste porque tiene que contradecir a sus procesos internos que le dicen que esa persona sigue allí. Con el paso –gradual y tal vez doloroso- del tiempo, se va comprendiendo la realidad mediante una transformación de pensamientos y sentimientos, hasta que se llega a la aceptación, donde el pensar en la persona perdida se aprecia como un consuelo o sabiduría adquirida.
Lo que no está todavía claro es que si se logra una importante mejora en la imitación del ausente mediante nuevos avances tecnológicos algunos deudos encuentren demasiado difícil abandonar una imitación casi perfecta. Neimayer señala que entre un 7 a 10% de los deudos puede alcanzar un nivel de duelo prolongado y angustioso que determine conductas adictivas o apegos ansiosos, sobre todo al inicio cuando están más vulnerables.
Pero sí hay estudios completos sobre usuarios de fantasmas digitales que muestran a las herramientas IA como ampliamente beneficiosas para los dolientes, e incluso hay resultados de bots que fueron más valorados que los propios amigos cercanos, como afirma Xygkou, refiriéndose al trabajo realizado con Niemayer y otros 5 académicos. En él, ninguna de las personas analizadas tenía dudas sobre la naturaleza del Bot, y esa puede ser la razón de haberlo sentido útil.
Fuentes:
Scientific American, diciembre 2025