1. Desarrollo Socioemocional – Erik Erikson
La teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson describe ocho etapas clave que una persona atraviesa a lo largo de su vida, cómo las interacciones sociales y las experiencias dan forma a la personalidad desde la infancia hasta la vejez. Estas etapas enfrentan ocho crisis o conflictos psicosociales que influyen en el desarrollo de la personalidad y deben resolverse para que la persona pueda desarrollarse de manera saludable.
Las etapas del desarrollo psicosocial son:
a. Confianza básica vs. Desconfianza (0 a 1 año – lactancia)
El bebé desarrolla un sentido de confianza si sus necesidades son satisfechas de manera consciente y confiable. La falta de confianza puede llevar a la inseguridad.
b. Autonomía vs. Vergüenza y Duda (1 a 3 años – primera infancia)
El niño busca independencia y control sobre sus acciones. Si se les permite explorar y tomar decisiones, desarrollan autonomía. Si se les critica o limita, pueden experimentar vergüenza y duda.
c. Iniciativa vs. Culpa (3 a 6 años – educación preescolar)
El niño comienza a planificar, emprender actividades y asumir responsabilidades. Si se les anima a tomar iniciativas, desarrollan un sentido de propósito. Si se les reprime, pueden experimentar culpa.
d. Laboriosidad vs. Inferioridad (6 a 12 años – educación primaria)
El niño se enfoca en desarrollar habilidades y competencias en entornos escolares y sociales. Si se les alienta a tener éxito, desarrollan un sentido de laboriosidad. Si se les compara desfavorablemente con otros, pueden experimentar inferioridad.
e. Identidad vs. Confusión de roles (12 a 18 años – educación secundaria)
El adolescente explora diferentes roles y valores para establecer una identidad sólida. Si tienen éxito en la exploración, desarrollan un sentido de identidad. Si no lo hacen, pueden experimentar confusión de roles.
f. Intimidad vs. Aislamiento (18 a 40 años – jóvenes adultos)
El adulto busca relaciones cercanas y significativas. Si tienen éxito en formar relaciones íntimas, desarrollan un sentido de conexión. Si no lo hacen, pueden experimentar aislamiento.
g. Generatividad vs. Estancamiento (40 a 65 años – adultos maduros)
El adulto busca contribuir a las generaciones futuras a través del trabajo, la familia o la comunidad. Si tienen éxito en ser productivos, desarrollan un sentido de generatividad. Si no lo hacen, pueden experimentar estancamiento.
Nota: Desde el punto de vista de desarrollo educativo de la persona, lo lógico es que se desarrollen los estudios de posgrado para la búsqueda de la licenciatura. Cosa que no viene sucediendo en el Perú, porque el mercado técnico laboral, sobre todo en el sector público, a raíz de la última Ley Universitaria le da mucha importancia al bachillerato, a la maestría y al doctorado.
Lo correcto para no quedarse en el estancamiento, además de escribir libros y trascender en la sociedad, entre otros, debiera ser el momento donde la persona en sus aspiraciones del crecimiento de su proyecto de vida aspire recién a la maestría y al doctorado. Situación que ha traído consigo un debilitamiento del logro de la licenciatura que es el título para acceder profesionalmente al mundo técnico-profesional, tanto en el sector público como privado.
h. Integridad vs. Desesperación (65 años en adelante – vejez)
El adulto reflexiona sobre su vida y busca un sentido de satisfacción y aceptación. Si se sienten satisfechos con sus logros, desarrollan un sentido de integridad del yo. Si se arrepienten de sus decisiones, pueden experimentar desesperación.
Fuentes:
2. Inteligencia emocional – Daniel Goleman
La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones, así como de reconocer, comprender e influir en las emociones de los demás.
Goleman argumenta que la inteligencia emocional es tan importante o más que el coeficiente intelectual (CI) para el éxito profesional y personal. La inteligencia emocional aporta ventajas en el liderazgo, en el trabajo en equipo, la toma de decisiones y el manejo del estrés. Resulta especialmente fundamental en profesiones que implican interacción humana constante, como educación, medicina, ventas, recursos humanos y gestión empresarial.
Las personas con un alto grado de inteligencia emocional son conscientes de lo que sienten, comprenden el significado de sus emociones y saben cómo estas pueden influir en quienes los rodean. En ese sentido, Daniel Goleman identifica cinco componentes esenciales de la inteligencia emocional.
El educador Idel Vexler sostiene que la denominación de inteligencia a lo emocional que le otorga Goleman hubiese sido preferible que no se utilice porque esta palabra “inteligencia” está relacionada fundamentalmente con los desempeños cognitivo intelectuales.
Fuentes:
3. Teoría de las Inteligencias Múltiples – Howard Gardner
En 1983, Gardner propuso la teoría de las inteligencias múltiples como una alternativa al enfoque tradicional basado en el coeficiente intelectual (CI). Según Gardner, lo importante no es medir cuán inteligente es una persona, sino la manera en que expresa esa inteligencia. Define la inteligencia como la capacidad para solucionar problemas o crear productos que sean valorados dentro de al menos un contexto cultural. Todas las personas poseen diversas habilidades que les permiten enfrentar diferentes tipos de problemas. En su publicación de 1983, Gardner identificó siete tipos distintos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, física-cinestética, interpersonal e intrapersonal. Más adelante, en 1995, sus investigaciones le sugirieron la existencia de una octava inteligencia, la naturalística.
La inteligencia interpersonal se refiere a la capacidad para entender y relacionarse eficazmente con otras personas. Incluye habilidades como la empatía, la comunicación, la cooperación y la sensibilidad hacia las emociones y motivaciones ajenas. Las personas con esta inteligencia suelen destacar en ambientes colaborativos, lideran grupos, medían conflictos y trabajan bien en equipo. Se manifiesta en educadores, líderes, terapeutas y otras figuras que requieren una comprensión profunda de los demás. Esta inteligencia implica percibir diferencias en estados de ánimo, expresiones y comportamientos, e interpretar intenciones incluso cuando no se expresan directamente. En los niños, se observa en quienes disfrutan trabajar con otros, negocian bien y comprenden a sus compañeros. Por ejemplo, un niño que defiende a otro que está siendo maltratado muestra empatía y habilidades interpersonales. En resumen, esta inteligencia es fundamental para fomentar el respeto, la colaboración y relaciones positivas en el entorno social.
La inteligencia intrapersonal es la habilidad de una persona para conocerse profundamente, comprender sus emociones, motivaciones, fortalezas y debilidades. Quienes desarrollan esta inteligencia poseen una gran autoconciencia, lo que les permite reflexionar sobre sus decisiones y actuar basándose en valores personales sólidos. En el ámbito educativo, esta inteligencia facilita la autorregulación del aprendizaje, la autonomía y la capacidad de fijar metas propias. Además, implica la capacidad de identificar y nombrar las emociones para interpretarlas y orientar el comportamiento de manera adecuada. Es fundamental para el desarrollo de la autodisciplina, la autoestima y la autocomprensión, y suele manifestarse en personas reflexivas, seguras y con buen juicio, como filósofos o consejeros. También está estrechamente relacionada con la inteligencia interpersonal, ya que conocerse bien a uno mismo favorece la comprensión y relación efectiva con los demás. Por lo tanto, ambas inteligencias se complementan y son esenciales para el desarrollo emocional y social.
El educador Idel Vexler, Coordinador de este Observatorio Educativo comenta que si bien está de acuerdo con la concepción de Gardner respecto a la pluralidad de la inteligencia denominar a las disposiciones, actitudes y conductas interpersonales e intrapersonales como inteligencias similares a las anteriores, coloca a estas disposiciones, desempeños y actitudes como un aspecto más del desarrollo de la cognición que tiene sustento y características diferentes a todo lo socioemocional, que incluyen su estructura funcional a las disposiciones, conductas y actitudes internas y externas en la vida afectiva o socioemocional de las personas. Vale la pena la comparación como si estas dos inteligencias mal llamadas de esta forma, según Vexler serían las famosas habilidades blandas.
Fuentes:
4. Habilidades blandas y duras
Las habilidades blandas, también conocidas como soft skills, son un conjunto de competencias personales, sociales y comunicativas que facilitan la interacción efectiva con otras personas. Estas incluyen la capacidad de comunicarse de manera clara y asertiva, trabajar en equipo, demostrar empatía, adaptarse al cambio, resolver conflictos y ejercer liderazgo, entre otras. Son esenciales en entornos laborales dinámicos, ya que promueven una cultura de colaboración, mejoran las relaciones interpersonales y fortalecen la cohesión grupal. Según Robles (2012), estas habilidades son determinantes para el éxito profesional, pues permiten adaptarse a distintos contextos laborales y responder de forma efectiva a los retos humanos del entorno organizacional.
En contraste, las habilidades duras o hard skills se refieren a los conocimientos técnicos y competencias específicas que una persona puede adquirir a través de la educación formal, la formación técnica o la experiencia práctica. Estas habilidades son tangibles, objetivamente evaluables y directamente aplicables a tareas concretas dentro de una ocupación. Ejemplos comunes incluyen el dominio de herramientas informáticas, el conocimiento de lenguas extranjeras, el uso de maquinaria especializada, la programación, o la aplicación de métodos científicos o financieros. De acuerdo con Saks y Gruman (2018), estas capacidades son indispensables para cumplir eficazmente con los requisitos técnicos de un puesto de trabajo.
En el ámbito educativo, la integración de habilidades blandas y duras es clave para la formación integral del estudiante. Las instituciones educativas no solo deben centrarse en transmitir conocimientos académicos o técnicos, sino también en desarrollar competencias socioemocionales que preparen a los alumnos para la vida personal, profesional y ciudadana.
Las habilidades duras permiten al estudiante adquirir conocimientos específicos en áreas como matemáticas, ciencias, lenguas extranjeras o tecnologías digitales, lo cual es esencial para su futuro desempeño en campos laborales especializados. Sin embargo, el aprendizaje técnico resulta insuficiente si no está acompañado por habilidades blandas, como la capacidad de comunicar ideas con claridad, colaborar con sus compañeros, adaptarse a nuevas metodologías de enseñanza o gestionar sus emociones ante el fracaso académico.
El desarrollo de habilidades blandas en el contexto escolar favorece la convivencia, mejora el clima en el aula, promueve una actitud proactiva hacia el aprendizaje y fortalece la autonomía y la responsabilidad. Por ejemplo, un estudiante que sabe trabajar en equipo y resolver conflictos de manera constructiva podrá participar más efectivamente en proyectos colaborativos, mientras que alguien con pensamiento crítico y empatía estará mejor preparado para enfrentar los desafíos del mundo real.
Además, en la enseñanza docente, estas habilidades también son fundamentales. Un profesor no solo debe dominar su área de conocimiento (habilidades duras), sino también saber comunicar, motivar, escuchar, guiar y adaptarse a las necesidades emocionales y cognitivas de sus estudiantes (habilidades blandas).
Cuestionamiento de Idel Vexler – Coordinador del Observatorio Educativo a la denominación de habilidades blandas y habilidades duras
En principio, el educador sostiene que la palabra o denominación “Habilidades” se refiere a las capacidades o destrezas que pone en juego la persona a lo largo de la vida, las cuales corresponden al desarrollo cognitivo intelectual (“aprendizajes académicos”). Por lo tanto, la palabra habilidades tiene un correlato con el desarrollo del pensamiento comprensivo, analítico, sintético, creativo y crítico. Es más, incluyen los desempeños cinestésicos o corporales del cuerpo que sí están en el marco cognitivo intelectual que desarrolla la persona a lo largo de la vida. Desde el punto de vista de la neurociencia, tiene que ver con el accionar de los cuerpos neuronales fundamentalmente y no se condicen directamente con las emociones, los sentimientos, en general con los desempeños socioemocionales o socioafectivos, a lo que se refiere Erik Erikson. Las habilidades o capacidades están vinculadas fundamentalmente al desempeño que pone en movimiento el conocimiento.
Por otra parte, Vexler sostiene que la denominación de habilidades duras para poner en movimiento el conocimiento, que tiene que ver con las capacidades y destrezas motrices y mentales, si bien son complejas, no son duras que naces en relación con las disposiciones, actitudes y conductas, que tienen que ver con el desarrollo socioafectivo o socioemocional, en el marco de esta lógica, no serían las habilidades blandas, sino las habilidades duras. Por lo señalado, plantea dejar de lado, esta división metafísica, absurda e irreal, de que tanto el desarrollo de capacidades mentales y motrices, así como los desempeños socioemocionales se denominen “habilidades”. En todo caso, son habilidades solamente los desempeños cognitivo intelectuales, que ponen en movimiento el conocimiento, sean mentales o motrices. Sostiene, además, que las habilidades blandas no se deben llamar así, porque no son tales, sino son disposiciones internas conscientes y subconscientes de la persona, que tienen que ver con la confianza, la iniciativa, la autonomía, la consolidación del yo y de la identidad, así como de la generatividad e integralidad del ser humano a lo largo de la vida.
Fuentes: